La
incorporación de la psicología a la educación especial comenzó como un intento
de comprender la influencia de las dificultades individuales y de desarrollo de
las personas discapacitadas, con el fin de buscar líneas de tratamiento y
estrategias de educabilidad que les permitieran alcanzar una adecuada formación
(Peña et al., 1981).
En
la actualidad, la importancia de la multiprofesionalización de la atención es
fundamental, dado que la globalidad de la personalidad del niño o del joven
deficiente o inadaptado ya no es una realidad teórica, sino que opera de forma
práctica y experiencial.
Esta
globalidad exige, a la vez, una globalidad en la intervención que logre dar una
mirada holística y no particular sobre las características de la persona,
evitando centrarse sólo en la deficiencia (Rioja, 1984). Lo anterior
implica pensar el rol del psicólogo en educación a partir de un campo de acción
centrado en los alumnos y su relación con los profesores, en cómo se desarrolla
el proceso de aprendizaje, en las necesidades de adaptación de los estudiantes
frente al establecimiento. No sólo hay que pensar en las necesidades de los
alumnos en cuanto individuos, sino que hay que centrarse en las interacciones
que generan en su contexto educativo. Si bien hasta el momento la labor de los
psicólogos en educación especial se remitía a cubrir los requerimientos de
información (diagnóstico) de las necesidades individuales y al tratamiento de
las dificultades de la persona con sus pares o su núcleo familiar, las
modificaciones que ha generado el proceso de reforma educacional lleva a
replantearse este rol, desde una mirada tradicional centrada en las tareas
clínicas, a una centrada en la perspectiva sistémica y constructivista (como
modelo ideal de la reforma). Según Banz (2002), la labor de la psicología en
educación debe pasar por un cambio de visión en la definición del trabajo
psicológico, lo que implica transitar de lo individual a lo sistémico, de lo
remedial a lo preventivo, del trabajo aislado al trabajo en equipo y desde el
foco en lo psicológico al foco en lo psicoeducativo.
Es por
eso que podemos observar que el desarrollo de la psicología en el campo de
la educación especial es un área que presenta una historia desconocida y poco
desarrollada. Si bien comienza a gestarse dentro de un marco clínico y
asistencial, en la medida que la educación va cambiando, también va generando
nuevas oportunidades para la creación de un área de la psicología educacional
en el campo de la educación especial.
Sin
embargo, hay factores importantes que inciden en la poca claridad del rol que
debe cumplir el psicólogo que se desempeña en educación especial, ya que si
bien existe claridad acerca de las tareas que deben cumplir los profesionales
en educación especial (decreto 363), no hay consenso ni propuestas formales
sobre cómo éstas deben ser estructuradas y enmarcadas en un rol profesional. Se
observa que la especificación de las tareas queda al arbitrio de los directores
y sostenedores (en la mayoría de los casos), lo que generaría una
instrumentalización del rol del psicólogo en base a las necesidades
administrativas y económicas del establecimiento, coartando la posibilidad de
desarrollar otras áreas y a todo esto le sumamos la poca colaboración de
algunos padres de familia nos damos cuenta que como psicólogos debemos romper
muchas barreras que nos está limitando el poder brindar una atención adecuada a
los niños con discapacidades educativas.
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